Los números de la amistad

Los amigos son fundamentales para el bienestar físico y psicológico, pero su presencia y cantidad varían ampliamente durante el ciclo vital.
Los amigos son fundamentales para el bienestar físico y psicológico, pero su presencia y cantidad varían ampliamente durante el ciclo vital.

En las islas Okinawa, archipiélago de Japón reconocido como “zona azul” o lugar caracterizado por la extraordinaria longevidad de sus habitantes , existe una  práctica consiste en agrupar a cuatro o cinco niños, hacerlos interactuar y, si se llevan bien, comprometerse a brindar apoyo emocional, logístico, social y financiero hasta la muerte.  El acuerdo se denomina moai y, gracias a la construcción, conservación y fortalecimiento de vínculos afectivos, sería uno de los secretos de la aumentada esperanza de vida de su población. 

La amistad ha sido foco de diversos estudios que confirman su positivo impacto en la salud y bienestar. Entre sus múltiples ventajas se encuentra la disminución del estrés y ansiedad, prevención de enfermedades e incorporación de hábitos saludables, aumento del sentido de pertenencia, mayor disposición para enfrentar traumas, pérdidas o patologías, reducción del dolor y mejoras en la confianza y autoestima . 

Sin dudas, esta relación cumple un rol clave en las diferentes etapas del ciclo vital. Con la evidencia a su favor, bien podría suponerse que mientras más amigos sean parte de nuestra vida, mayores serán los beneficios. Pero no es tan sencillo. Hacerlos y mantenerlos son cosas distintas, tal como la duración, intensidad y evolución de este complejo vínculo. Si cuantificamos la amistad, la ciencia tiene mucho que decir.

Círculos concéntricos

¿Cuántos amigos podemos tener al mismo tiempo? Robin Dunbar, psicólogo y antropólogo de la Universidad de Oxford, se propuso responder esta pregunta. En un estudio publicado en 1993 asegura que la cantidad de relaciones estables y significativas que se logran a la vez son 150 incluyendo amistades y familiares.

El científico británico analizó el comportamiento de simios y determinó que el volumen del neocórtex -parte del cerebro responsable del pensamiento consciente- se correlacionan con el tamaño de las manadas en las que vivían. Como en los humanos su dimensión es mayor extrapola los resultados cifrado en 150, como promedio, la cantidad ideal de integrantes que debía tener su grupo social. El cálculo se conoce como “el número de Dunbar”.

La teoría de Dunbar.

En su trabajo organiza estas conexiones en círculos concéntricos marcados por las diferencias cualitativas de las relaciones. El de los íntimos lo integran uno o dos como máximo. Los cercanos llegan a cinco, los buenos amigos son 15 y los amigos en general 35. Luego de los 150 contactos significativos, siguen estas capas: 500 conocidos y 1.500 personas que se podrían reconocer.

“Estos números representan un rango. Los extrovertidos suelen tener una red más amplia, aunque con relaciones menos intensas, mientras que los introvertidos se concentran en un grupo más pequeño de contactos muy cercanos”, explica.

Las personas migran a través de estas capas, pero en general, mantienen sus relaciones en esos límites. “Las mujeres tienen un poco más de contactos en los círculos más cercanos. Lo que determina todas estas variantes es la frecuencia con que ves a los amigos o conocidos y la cantidad de tiempo que se les destina”.

Para llegar a estas cifras, Dunbar evaluó datos psicológicos y antropológicos de grupos y asentamientos humanos históricos y contemporáneos. En su libro How Many Friends Does One Person Need cita algunos ejemplos: alrededor del año 6000 a.C., el tamaño de las aldeas neolíticas de Oriente Medio era de 120 a 150 personas, a juzgar por el número de viviendas. En 1086, la estructura promedio de la mayoría de los pueblos ingleses, era de 160 individuos.

En otro texto de su autoría titulado Friends: Understanding the Power of Our Most Important Relationships, plantea que para que un conocido termine convirtiéndose en amigo tiene que coincidir en siete factores: sentido del humor, idioma, lugar de crecimiento, trayectoria educativa, intereses y pasatiempos, gustos musicales y visión de la moral, religión o política.

“Las amistades alcanzan su punto más alto al final de la adolescencia y al principio de los 20 años. A los 30, las personas tienden a tener unas 150 conexiones, lo que se mantiene estable hasta que llegan a los 70, momento en que el número empieza a caer en picada. Con los años la vida social suele reducirse y los círculos concéntricos de relaciones más débiles o casuales se evaporan”.

Sin límites

A tres décadas de su publicación, el estudio suma varios cuestionamientos. Algunos de ellos apuntan a los cambios en las relaciones humanas debido a la irrupción y exponencial crecimiento de las redes sociales. Dunbar se defiende: “en este mundo globalizado, la calidad de las conexiones virtuales es baja. En general, no existe un trato personalizado”. 

El académico de la Universidad de Estocolmo Johan Lind plantea que no existen límites numéricos en las relaciones humanas. En un trabajo publicado en la revista Biology Letters, concluye que “el neocórtex no tiene influencia sobre la cantidad de conexiones que las personas son capaces de mantener”.

En la misma línea, otras investigaciones sugieren que la cantidad de amigos necesarios para mejorar la calidad de vida son seis o más , mientras que las mujeres de mediana edad solo requieren tres para elevar sus niveles de satisfacción general. En tanto, según el genetista y cronobiólogo Jeffrey Hall se deben invertir 200 horas para que un conocido ingrese a un círculo de mayor confianza [10].

La capacidad de tener amigos y sus beneficios asociados son parte de un debate científico que se da en tiempos en que la población mundial se apresta a dejar atrás una pandemia que durante dos años limitó las relaciones sociales. Nunca es tarde, sobre todo ahora, para hacer nuevas amistades o reencontrarse con viejos conocidos. Como dijo Aristóteles (384 a 322 a.C), “los amigos se necesitan en la prosperidad y en el infortunio, puesto que el desgraciado necesita bienhechores y el afortunado personas a quienes hacer bien”.

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